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Gente tóxica

Hace unos años en una librería salmantina, me topé con este título sugerente: Gente tóxica. El título lo decía todo. Y sin perder tiempo me puse a leerlo. La obra pertenecía al sicólogo argentino Bernardo Stamateas.

Y al hablar sobre ‘gente tóxica’ se refería a esas personas con la que nos topamos todos los días y no sabemos cómo describirlas o calificarlas. El término ‘tóxico/a’ fue usado en la década de 1980 y estaba referido a las relaciones humanas o relaciones interpersonales. Hablaba de personas tóxicas, costumbres tóxicas, líderes tóxicos, incluso organizaciones tóxicas.

Los ‘tóxicos’ de todos los días
Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos topado con personas problemáticas, negativas e hirientes; gente tóxica: amigos, familiares, compañeros de trabajo, incluso, líderes. Este ingente número de ‘tóxicos’, crean en nosotros una sensación de malestar y provocan, casi inmediatamente, el deseo de alejarnos de ellos. Los rechazamos casi por inercia. Rápidamente queremos abandonar el espacio común que compartimos y, en algunos casos, inventarnos maneras para salir fuera y tomar oxígeno puro y limpio.

¿Por qué lo tóxico repele?
La respuesta es sencilla: porque nos hacen daño. Crean en nosotros una sensación de malestar y de negatividad que trastocan nuestra paz interior. Stamateas manifiesta que los tóxicos están en nuestro entorno inmediato. Y están por montones: “En nuestra vida nos hemos encontrado con algún manipulador, alguien que ha querido hacerte la vida imposible, un amigo envidioso, un vecino chismoso”.

El dolor y la decepción son emociones que se crean como resultado de un encuentro con un ‘toxico’. Es decir, no es que seamos vulnerables a ellos, sino que no sabemos cómo hacerles frente. Nos pueden hacer daño si se lo permitimos. Está en nosotros permitirlo o, simplemente, ponerlos en su sitio. María Eugenia Polo, catedrática de la Universidad Pontificia de Salamanca, manifiesta: “Nadie puede hacerte daño si tú no lo permites”. Tiene razón. Tenemos que estar preparados para enfrentarnos con los ‘tóxicos’ de todos los días. Y eso depende de nosotros. Es nuestro trabajo.  

La clave: saber elegir
El argentino en su libro nos dice que no sabemos elegir a las personas que queremos que formen parte de nuestra vida. La clave está en la elección. Nosotros debemos decidir a quién ponemos en nuestro entorno, a quiénes queremos que formen parte de nuestra vida. “Muchas veces dejamos entrar a nuestra vida: chismosos, envidiosos, autoritarios, psicópatas, orgullosos, mediocres; es decir gente tóxica”, manifiesta con contundencia.

Por ello, debemos decidir bien. Elegir gente correcta que sea afín a nuestra personalidad, que comparta nuestros valores y tenga metas y objetivos parecidos. Se trata pues de incorporar gente positiva en nuestra vida. Personas valiosas que nos aporten ideas, que nos hagan disfrutar de su compañía. Una amiga mía solía decirme que “no hay nada mejor en el mundo que una buena compañía, un tema apasionante de conversación, una dosis de positivismo y mucha utopía para ser felices todos los días”. Sin duda, esto implica desechar de entrada a todos los ‘tóxicos’. Y tiene mucha razón.

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