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Desenmascarar el victimismo

Nicolás Vigo | Hace unos meses conocí a una persona que me sorprendió, no porque fuera dueña de una personalidad imponente, sino porque presumía de padecer una injusticia que había logrado mantener en vigencia por muchos años. Se trataba de una historia bien tejida. Prefabricada. Ella alardeaba de ser una víctima y pretendía usarlo a su favor. Parecía estar muy feliz por ello.

Los que rentabilizan ser víctimas para hacernos sentir culpables y ofrecer atención, cariño, dinero o cualquier retribución, en realidad son maestros de la manipulación. Y es que el victimismo puede ser usado para mendigar afecto y retener la atención de los demás. Rentabilizar cariño es muy dañino.

Sobre esta distorsión de la personalidad que padece el victimismo, Bernabé Tierno

manifiesta que se trata de una “necesidad imperiosa de sentirse víctima y buscar compasión para ser centro de atención y obtener beneficios” y remata que lo que busca es “desempeñar a las mil maravillas el papel de víctima propiciatoria”.

No dejarnos engañar por las apariencias

La persona que juega a la víctima es un gran actor. Y, además, ha desarrollado una gran capacidad de manipulación. Juega a ser el pobre, el que no tiene nada que dar, el enfermo, el feo o el marginado. Por ello, no hay que dejarnos engañar. Sin saberlo, podemos aceptar el papel de victimario. Y, sin darnos cuenta, cargar un rol que no es el nuestro. En realidad, el victimario tiene bien claro lo quiere lograr. Y es un maestro en scrabble, el arte de la intriga y del manejo a los demás. Lo que busca son compensaciones afectivas, emocionales y económicas.

El victimismo hace sufrir

Por ello, toparnos con una personalidad tóxica como esta es un problema. Porque trastoca la convivencia diaria. Convierte a las personas inocentes en verdugos. Tierno advierte sobre lo nefasto de este pensamiento, que, en el fondo, dice: “Yo soy tu víctima y tú eres el malvado, debes sentirte un ser despreciable”.

Quitar la careta al victimismo

No hay que ser víctima de un victimista. Si nos topamos con esta personalidad, debemos

tener en cuenta que estamos frente a un manipulador. Tal y como suena. Por ello, debemos plantarle cara y quitarle la careta. El autor de Aprendiz de sabio recomienda: “Ni que decir tiene que estamos ante un grado supremo de orgullo muy sutil, pero vestido de sufrimiento y humildad y esto, entiéndalo bien, nada tiene que ver con la santidad”. Es decir, hay que entender que se trata de una mente que busca hacer sufrir a los demás.

Muy en el fondo, el que practica el victimismo ha sufrido algún maltrato. Y nosotros no debemos convertirnos en uno de sus personajes fabricados; más bien, debemos encararlo para ayudarlo a superar esta distorsión de la personalidad.

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