Elementos filtrados por fecha: Lunes, 05 Noviembre 2018
El presidente del Comité de Gestión y Vigilancia para la instalación del puente sobre el río Silaco,  padre Paulino Hurtado Tarrillo, informó que si las autoridades no solucionan hasta hoy la supuesta falta de dinero para la construcción de las zapatas en las que colocará el puente modular la ciudadanía de Chimbán, Pión, La Ramada y otros pueblos comenzarán acciones de protesta en Chota y Cajamarca.

Recordemos que el Gobierno Regional de Cajamarca, a través de la nota de prensa  Nº061-2018, anunció que el viernes 16 de febrero del presente año transfirió 2 millones 706 mil 117 soles a la Gerencia Sub Regional de Chota para el proyecto de “Mejoramiento del Servicio de Transitabilidad Vehicular sobre el río Silaco mediante la instalación de un puente modular en el camino vecinal La Ramada - Chimbán.

El dinero debía garantizar la construcción de las zapatas para el puente. No obstante, las autoridades han expresado que no hay dinero e incluso la empresa ejecutora ha anunciado el posible abandono de los trabajos si no se hace efectivo el pago de varias valorizaciones de avance de obra. A la empresa se lo adeuda más de 1 millón de soles.

“Los muros tienen un avance del 70 por ciento. La preocupación es porque hay un retraso en el pago a la entidad ejecutora. Queremos una solución urgente porque  ya se nos vienen los cambios de gobierno y la época de lluvias. No es posible que nos digan que recién están gestionando presupuesto cuando en un principio señalaron que el presupuesto estaba asegurado” expresó el sacerdote.

Asimismo, dijo que hay preocupación porque si no se concluye en la brevedad la construcción de los muros, existe la  posibilidad que el puente modular sea asignado a otro lugar. “Si hoy no nos solucionan el tema inmediatamente nos reuniremos para ver qué acciones tomamos” dijo Hurtado Tarrillo.
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La Fiscalía Provincial Mixta del distrito de Huambos continúa cerrada desde hace dos semanas por deudas del alquiler del local en el que funciona. Según el propietario del inmueble,  el incumplimiento de pago por alquiler data del año 2016. A pesar que los funcionarios del ministerio público de Huambos se han  comprometido a  cancelar dicha deuda hace dos meses, hasta el momento no se hace efectivo.

Así lo dio a conocer nuestro corresponsal Cesar Hernán Torres Lachos, quien  informó que hasta el momento no hay conversaciones entre el dueño del local y los representantes de la entidad.

“Este problema no solo afecta a los huambinos, sino a los ciudadanos de los distritos de Querocoto y Cochabamba, que es la jurisdicción de dicha fiscalía. No es posible que dos semanas estén cerradas las oficinas de esta institución pública. Las autoridades tienen que tomar en serio este caso”, manifestó Torres Lachos.
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Los servidores públicos de la Municipalidad Provincial de Chota hicieron un alto a sus labores hoy para celebrar el Día del Trabajador Municipal, cuya fecha establecida es cada 5 de noviembre. A diferencia de otros años, esta vez no hubo mayores actividades conmemorativas.

El trabajador municipal nombrado James Benavides Núñez indicó que su labor es servir al pueblo, pero observó que el manejo político de las administraciones municipales no permite a los servidores ediles desempeñarse a cabalidad en las áreas que les corresponden.

“Tenemos vocación de servicio. El problema es que los alcaldes ponen a su gente de confianza y los nombrados somos arrinconados; además nuestros sueldos son muy bajos y el sindicato no es escuchado”, manifestó el trabajador municipal. Justifico que la productividad de los ediles es baja debido a que no se les da el espacio que corresponde.
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Las administraciones salientes de la Municipalidad Provincial de Chota y del Gobierno Regional de Cajamarca deben rendir cuentas sobre el manejo presupuestal y otros temas; pero las autoridades electas también deben auditar y presentar un informe a la población sobre como encuentran a ambas instituciones.

Así lo considera el presidente de la Federación Provincial de Rondas Campesinas y Urbanas de Chota, Aladino Fernández Rubio, quien pidió que en el proceso de transferencia no debe haber borrón y cuenta nueva, más aun considerando que ambas administraciones no han realizado un buen trabajo.

En ese sentido, el dirigente rondero indicó que en los próximos días coordinará con el presidente del Frente Único de Defensa de los Intereses del Pueblo para abordar formalmente si es viable o no exigir que la administración municipal saliente rinda cuentas en una audiencia pública.
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Agustinorecoletos.com | La parroquia, cuya labor pastoral y mantenimiento están encomendados a los Agustinos Recoletos, fue construida en 1557. Es uno de los templos más antiguos y con más historia de la capital de Perú.

En el distrito de Pueblo Libre (Lima, Perú), una fachada de colores rosados y blancos esconde uno de los tesoros artísticos de más valor de la capital del país. La parroquia Santa María Magdalena fue construida en 1557. Los evangelizadores españoles trajeron el estilo barroco y lo plasmaron en este pequeño templo, encomendado a los Agustinos Recoletos desde 1944. La historia que guardan los cuatro muros de la iglesia es extensa. Los frailes franciscanos tuvieron durante muchos años la gestión y mantenimiento del templo, antes de la llegada de los misioneros recoletos.

Santa María Magdalena fue declarado patrimonio cultural de la nación. Por eso, asegura su párroco, el agustino recoleto Gerardo Rimarachín, que “la labor que han hecho los religiosos ha sido pastoral y de conservación”. Mantener el arte que conserva este templo requiere mucho esfuerzo, tanto económico como personal.

A ello se suma la actividad pastoral de la parroquia. “Es una iglesia viva, con muchas comunidades cristianas y que participan”. La vida de su comunidad permite “que se mantenga el templo”. La parroquia “ha sido el centro de culto y evangelización para toda la zona”.
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Lunes, 05 Noviembre 2018 04:05

360 años de Santo Tomás de Villanueva

Agustinosrecoletos.com| El Día de Todos los Santos de 1658 fue canonizado Santo Tomás de Villanueva en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. En España y Sudamérica fueron días de júbilo por el reconocimiento de santidad de una de las grandes figuras de la familia agustiniana

Las canonizaciones realizadas por la Iglesia católica en el siglo XVII, además de festejar el triunfo de un santo, eran grandes eventos evangelizadores. No quedaba solo en una celebración litúrgica, por lo general extensas. Todo el pueblo salía a las calles para agradecer a Dios la vida y santidad de un hermano que había vivido heroicamente, siendo protagonistas de la misión en sus días.

Así fue también la canonización de Santo Tomás de Villanueva, el obispo agustino de Valencia que en vida y tras su muerte tuvo gran fama de santidad. En plena etapa barroca, la Iglesia celebraba con enorme boato el reconocimiento de algún santo. En Roma principalmente y en la mayoría de las ciudades en las que se extendía la fama de Tomás García (como así se llamaba), se organizaron celebraciones litúrgicas y procesiones.

La gran canonización tuvo lugar en la Basílica de San Pedro del Vaticano el 1 de noviembre de 1658, festividad de Todos los Santos. Cuarenta años antes, en 1618 había sido beatificado. La celebración fue multitudinaria. Asistieron en tribunas especiales, según relatan las crónicas, la reina de Suecia, familiares del Pontífice y el Señor Sobremonte; la Orden de San Agustín estuvo representada por el Vicario General, los religiosos asistentes de Italia y España, los priores provinciales de Roma, La Marca y Portugal, y el Prior de Roma. La celebración, presidida por el papa Inocencio X, duró cerca de seis horas.

Para este día, en la fachada de la basílica se pusieron ricos lienzos con las armas pontificias, las del rey de España, las de Valencia y las de la Orden de San Agustín. El pórtico de la basílica vaticana se engalanó con los tapices de Rafael; de los arcos de la nave principal colgaban en forma de grandes medallones «pintados por mano de excelente pintor, en claros oscuros, alumbrados de oro, y efigiado, un milagro obrado por el santo con un rótulo al pie de ellos». En los arcos torales colgaban cuatro estandartes de chamelote carmesí con flores de oro, «en los cuales estaba de ilustre pintor efigiado el santo en acto de ser llevado de los Ángeles al cielo».

El proceso de canonización

Apenas 50 años después de su muerte se abrió el proceso canónico que concluiría el 1 de noviembre de 1658. El Prior provincial de la Provincia de Aragón, el P. Salón -uno de los mejores biógrafos de Tomás de Villanueva- pidió al entonces arzobispo de Valencia, Juan de Ribera, la apertura de la fase inicial: el reconocimiento de sus virtudes heroicas. Poco después, en 1602 se nombraría al primer procurador de la causa, coincidiendo con el comienzo del proceso diocesano. La información recogida fue estudiada en la Santa Sede y en 1618 el papa Paulo V firmó el Breve de la Beatificación del bienaventurado Tomás García Martínez, en Santa María la Mayor, concediendo licencia para imprimir estampas con la efigie del bienaventurado.

El ya Beato Tomás de Villanueva debía pasar otro filtro. Para la canonización era necesario el análisis de sus obras para comprobar la pureza de la doctrina. En la Sagrada Congregación estaba todo preparado para la canonización y así se comunicó a la Orden de San Agustín en nombre de Gregorio XV, pero la muerte del Pontífice dejó todo en suspenso. El nuevo papa Urbano VIII modificó el procedimiento de las canonizaciones de los santos, por lo que la causa del Beato Tomás de Villanueva se tenía que someter a la nueva normativa. El análisis se extendió en los años. El mismo rey de España Felipe IV escribió a Inocencio X -el papa que sustituyó a Urbano VIII- urgiéndole a dictar la canonización.

La geografía de las fiestas celebradas en honor de Santo Tomás de Villanueva coincide con el mapa de conventos de la orden agustiniana, especialmente en aquellos donde el santo vivió —razones comunes para casos similares de otras familias religiosas—; entre las ciudades donde se celebraron fiestas solemnes, están: Toledo, Madrid, Zaragoza, Sevilla, Barcelona, Córdoba, Granada, Sanlúcar de Barrameda, Osuna, Mallorca, Alcalá de Henares, Villanueva de los Infantes y, en el Nuevo Mundo, Cartagena de Indias. Por supuesto sobresalieron muy destacadamente las de Valencia, tanto en la beatificación como en la canonización, porque además de tener convento de agustinos había sido la sede del arzobispado donde desarrolló su misión pastoral.

Se realizaron oficios y celebraciones religiosos por la canonización, en algunos casos casi mes y medio antes del día marcado. En la mayoría de las ciudades hubo grandes procesiones con imágenes y reliquias del santo agustino y en el que participaban los fieles, la nobleza y los religiosos agustinos. Los templos por los que pasaba el alegre cortejo recibían la procesión con grandes altares con reliquias.
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El episodio que hemos escuchado es el último que narra el evangelista Marcos sobre el ministerio itinerante de Jesús, quien poco después entrará en Jerusalén para morir y resucitar. Bartimeo es, por lo tanto, el último que sigue a Jesús en el camino: de ser un mendigo al borde de la vía en Jericó, se convierte en un discípulo que va con los demás a Jerusalén. Nosotros también hemos caminado juntos, hemos “hecho sínodo” y ahora este evangelio sella tres pasos fundamentales para el camino de la fe.

En primer lugar, nos fijamos en Bartimeo: su nombre significa “hijo de Timeo”. Y el texto lo especifica: «El hijo de Timeo, Bartimeo» (Mc 10,46). Pero, mientras el Evangelio lo reafirma, surge una paradoja: el padre está ausente. Bartimeo yace solo junto al camino, lejos de casa y sin un padre: no es alguien amado sino abandonado. Es ciego y no tiene quien lo escuche; y cuando quería hablar lo hacían callar. Jesús escucha su grito. Y cuando lo encuentra le deja hablar. No era difícil adivinar lo que Bartimeo le habría pedido: es evidente que un ciego lo que quiere es tener o recuperar su vista. Pero Jesús no es expeditivo, da tiempo a la escucha. Este es el primer paso para facilitar el camino de la fe: escuchar. Es el apostolado del oído: escuchar, antes de hablar.

Por el contrario, muchos de los que estaban con Jesús imprecaban a Bartimeo para que se callara (cf. v. 48). Para estos discípulos, el necesitado era una molestia en el camino, un imprevisto en el programa predeterminado. Preferían sus tiempos a los del Maestro, sus palabras en lugar de escuchar a los demás: seguían a Jesús, pero lo que tenían en mente eran sus propios planes. Es un peligro del que tenemos que  prevenirnos siempre. Para Jesús, en cambio, el grito del que pide ayuda no es algo molesto que dificulta el camino, sino una pregunta vital. ¡Qué importante es para nosotros escuchar la vida! Los hijos del Padre celestial escuchan a sus hermanos: no las murmuraciones inútiles, sino las necesidades del prójimo. Escuchar con amor, con paciencia, como hace Dios con nosotros, con nuestras oraciones a menudo repetitivas.

Dios nunca se cansa, siempre se alegra cuando lo buscamos. Pidamos también nosotros la gracia de un corazón dócil para escuchar. Me gustaría decirles a los jóvenes, en nombre de todos nosotros, adultos: disculpadnos si a menudo no os hemos escuchado; si, en lugar de abrir vuestro corazón, os hemos llenado los oídos. Como Iglesia de Jesús deseamos escucharos con amor, seguros de dos cosas: que vuestra vida es preciosa ante Dios, porque Dios es joven y ama a los jóvenes; y que vuestra vida también es preciosa para nosotros, más aún, es necesaria para seguir adelante.

Después de la escucha, un segundo paso para acompañar el camino de fe: hacerse prójimos. Miramos a Jesús, que no delega en alguien de la «multitud» que lo seguía, sino que se encuentra con Bartimeo en persona. Le dice: «¿Qué quieres que haga por ti?» (v. 51). Qué quieres: Jesús se identifica con Bartimeo, no prescinde de sus expectativas; que yo haga: hacer, no solo hablar; por ti: no de acuerdo con ideas preestablecidas para cualquiera, sino para ti, en tu situación. Así lo hace Dios, implicándose en primera persona con un amor de predilección por cada uno. Ya en su modo de actuar transmite su mensaje: así la fe brota en la vida.

La fe pasa por la vida. Cuando la fe se concentra exclusivamente en las formulaciones doctrinales, se corre el riesgo de hablar solo a la cabeza, sin tocar el corazón. Y cuando se concentra solo en el hacer, corre el riesgo de convertirse en moralismo y de reducirse a lo social. La fe, en cambio, es vida: es vivir el amor de Dios que ha cambiado nuestra existencia. No podemos ser doctrinalistas o activistas; estamos llamados a realizar la obra de Dios al modo de Dios, en la proximidad: unidos a él, en comunión entre nosotros, cercanos a nuestros hermanos. Proximidad: aquí está el secreto para transmitir el corazón de la fe, no un aspecto secundario.

Hacerse prójimos es llevar la novedad de Dios a la vida del hermano, es el antídoto contra la tentación de las recetas preparadas. Preguntémonos si somos cristianos capaces de ser prójimos, de salir de nuestros círculos para abrazar a los que “no son de los nuestros” y que Dios busca ardientemente. Siempre existe esa tentación que se repite tantas veces en las Escrituras: lavarse las manos. Es lo que hace la multitud en el Evangelio de hoy, es lo que hizo Caín con Abel, es lo que hará Pilato con Jesús: lavarse las manos. Nosotros, en cambio, queremos imitar a Jesús, e igual que él ensuciarnos las manos. Él, el camino (cf. Jn 14,6), por Bartimeo se ha detenido en el camino. Él, la luz del mundo (cf. Jn 9,5), se ha inclinado sobre un ciego. Reconozcamos que el Señor se ha ensuciado las manos por cada uno de nosotros, y miremos la cruz y recomencemos desde allí, del recordarnos que Dios se hizo mi prójimo en el pecado y la muerte. Se hizo mi prójimo: todo viene de allí. Y cuando por amor a él también nosotros nos hacemos prójimos, nos convertimos en portadores de nueva vida: no en maestros de todos, no en expertos de lo sagrado, sino en testigos del amor que salva.

Testimoniar es el tercer paso. Fijémonos en los discípulos que llaman a Bartimeo: no van a él, que mendigaba, con una moneda tranquilizadora o a dispensar consejos; van en el nombre de Jesús. De hecho, le dirigen solo tres palabras, todas de Jesús: «Ánimo, levántate, que te llama» (v. 49). En el resto del Evangelio, solo Jesús dice ánimo, porque solo él resucita el corazón. Solo Jesús dice en el Evangelio levántate, para sanar el espíritu y el cuerpo. Solo Jesús llama, cambiando la vida del que lo sigue, levantando al que está por el suelo, llevando la luz de Dios en la oscuridad de la vida. Muchos hijos, muchos jóvenes, como Bartimeo, buscan una luz en la vida. Buscan un amor verdadero. Y al igual que Bartimeo que, a pesar de la multitud, invoca solo a Jesús, también ellos invocan la vida, pero a menudo solo encuentran promesas falsas y unos pocos que se interesan de verdad por ellos.

No es cristiano esperar que los hermanos que están en busca llamen a nuestras puertas; tendremos que ir donde están ellos, no llevándonos a nosotros mismos, sino a Jesús. Él nos envía, como a aquellos discípulos, para animar y levantar en su nombre. Él nos envía a decirles a todos: “Dios te pide que te dejes amar por él”. Cuántas veces, en lugar de este mensaje liberador de salvación, nos hemos llevado a nosotros mismos, nuestras “recetas”, nuestras “etiquetas” en la Iglesia. Cuántas veces, en vez de hacer nuestras las palabras del Señor, hemos hecho pasar nuestras ideas por palabra suya. Cuántas veces la gente siente más el peso de nuestras instituciones que la presencia amiga de Jesús. Entonces pasamos por una ONG, por una organización paraestatal, no por la comunidad de los salvados que viven la alegría del Señor.

Escuchar, hacerse prójimos, testimoniar. El camino de fe termina en el Evangelio de una manera hermosa y sorprendente, con Jesús que dice: «Anda, tu fe te ha salvado» (v. 52). Y, sin embargo, Bartimeo no hizo profesiones de fe, no hizo ninguna obra; solo pidió compasión. Sentirse necesitados de salvación es el comienzo de la fe. Es el camino más directo para encontrar a Jesús. La fe que salvó a Bartimeo no estaba en la claridad de sus ideas sobre Dios, sino en buscarlo, en querer encontrarlo. La fe es una cuestión de encuentro, no de teoría. En el encuentro Jesús pasa, en el encuentro palpita el corazón de la Iglesia. Entonces, lo que será eficaz es nuestro testimonio de vida, no nuestros sermones.

Y a todos vosotros que habéis participado en este “caminar juntos”, os agradezco vuestro testimonio. Hemos trabajado en comunión y con franqueza, con el deseo de servir a Dios y a su pueblo. Que el Señor bendiga nuestros pasos, para que podamos escuchar a los jóvenes, hacernos prójimos suyos y testimoniarles la alegría de nuestra vida: Jesús.
 
 
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